La nueva EU KIDS Act propone protecciones específicas para los chatbots y compañeros de IA accesibles a menores. Más allá de la norma, plantea una pregunta especialmente relevante para la educación: ¿qué tipo de relación queremos que una inteligencia artificial construya con nuestros alumnos?
Hasta ahora, buena parte de la conversación educativa sobre inteligencia artificial se ha concentrado en lo que estas herramientas pueden hacer: explicar, generar ejercicios, ofrecer feedback, responder preguntas o acompañar al alumno durante una tarea.
Europa acaba de introducir otra cuestión.
No importa únicamente lo que una IA responde. También importa cómo está diseñada para relacionarse con quien la utiliza.
El 17 de septiembre de 2026, la Comisión Europea presentó la propuesta de EU KIDS Act, un Reglamento destinado a reforzar la protección de los menores en los entornos digitales. El texto incluye redes sociales, plataformas de vídeo, determinados videojuegos y tiendas de aplicaciones, pero también contempla sistemas de inteligencia artificial accesibles a menores, incluidos compañeros de IA y determinados chatbots conversacionales.
Conviene empezar por una precisión: esto todavía no es una ley en vigor. Es una propuesta de Reglamento que se tramita mediante el procedimiento legislativo ordinario de la Unión Europea.
Su referencia oficial es:
COM(2026) 681 final
Procedimiento: 2026/0286(COD)
CELEX: 52026PC0681
Fecha: 17 de septiembre de 2026.
No, Europa no está prohibiendo ChatGPT a los menores de 15 años
Es bastante probable que durante los próximos meses encontremos titulares simplificando la cuestión.
La propuesta establece los 15 años como edad mínima para crear autónomamente determinadas cuentas en servicios de redes sociales y plataformas de intercambio de vídeos.
Eso no equivale a fijar los 15 años como edad general para utilizar cualquier sistema de inteligencia artificial.
Para los sistemas de IA dirigidos o accesibles a menores, el enfoque se articula alrededor de otra idea: seguridad desde el diseño.
La propuesta pretende que los proveedores tengan que demostrar que determinados servicios son apropiados y seguros para los menores, en lugar de trasladar todo el peso de la protección a las familias o a los propios usuarios.
Una IA no debería diseñarse para que un menor dependa de ella
La propuesta presta una atención específica a sistemas capaces de simular relaciones sociales o emocionales y a los riesgos derivados de interacciones prolongadas con menores.
Este punto resulta especialmente interesante porque obliga a mirar más allá de la precisión de una respuesta.
Un chatbot puede proporcionar información correcta y, al mismo tiempo, estar diseñado de una manera que fomente una interacción cada vez más frecuente, prolongada o emocionalmente significativa.
Para un servicio comercial esa recurrencia puede resultar atractiva.
Para un sistema educativo, debería hacernos pensar.
La cuestión ya no es únicamente si la IA responde bien, sino qué tipo de comportamiento está intentando producir en el usuario.
La propuesta europea plantea además protecciones específicas relacionadas con la memoria de las conversaciones y con el diseño de estos sistemas cuando son utilizados por menores, junto con obligaciones de evaluación y seguimiento de riesgos.
Detrás de todas estas medidas aparece una idea bastante clara:
el diseño de una tecnología también condiciona la relación que construimos con ella.
¿Y qué ocurre con la IA educativa?
Este es probablemente el punto más interesante para los centros.
No tendría sentido interpretar la propuesta como si cualquier tutor de IA utilizado con fines educativos quedara automáticamente equiparado a un compañero de IA comercial o a un chatbot generalista.
La propia arquitectura de la propuesta distingue entre diferentes clases de servicios y tiene en cuenta que existen sistemas con finalidades específicas.
Pero que una herramienta se utilice en educación no resuelve automáticamente la cuestión pedagógica.
Una IA no se convierte en educativa simplemente porque explique Matemáticas, corrija Inglés o responda preguntas de Historia.
Tenemos que preguntarnos cómo está diseñada para acompañar el aprendizaje.
Una IA educativa debería querer que cada vez la necesitemos menos
Desde PedagoIA llevo tiempo defendiendo una concepción muy concreta del acompañamiento mediante inteligencia artificial.
Un buen tutor no debería precipitarse a resolver.
Debería preguntar, graduar la ayuda, detectar el punto de bloqueo y devolver progresivamente el esfuerzo cognitivo al alumno.
Su éxito no debería medirse únicamente por el número de interacciones, la satisfacción del usuario o la cantidad de respuestas que produce.
Hay otra medida mucho más educativa:
¿el alumno puede hacer después algo que antes no podía hacer sin esa ayuda?
Eso significa que un buen sistema educativo de IA debería perseguir algo que resulta casi paradójico:
ayudar al estudiante a necesitarlo cada vez menos.
Puede recordar dónde está trabajando para ofrecer continuidad, pero esa memoria debe responder a una finalidad pedagógica concreta.
Puede mantener una conversación cercana y natural, pero su objetivo no debería ser convertirse en «amigo» del estudiante.
Puede estar disponible siempre, pero disponibilidad no debería significar dependencia.
Antes de introducir un chatbot necesitamos nuevas preguntas
Cuando un centro evalúa una herramienta de IA solemos preguntar cuánto cuesta, qué datos utiliza, si funciona bien o qué puede hacer.
Todas esas preguntas siguen siendo necesarias.
Pero cuando hablamos de menores necesitamos añadir otras.
¿Para qué necesita memoria?
¿Qué información conserva?
¿Qué tipo de relación está diseñada para fomentar?
¿Busca aumentar la autonomía del alumno o aumentar su dependencia de la herramienta?
¿Qué mecanismos de protección incorpora?
¿Qué papel conserva el adulto?
¿Puede el alumno abandonar fácilmente la interacción?
Y, sobre todo:
¿esta IA ayuda al alumno a aprender o simplemente consigue que vuelva a preguntarle?
La EU KIDS Act todavía puede cambiar durante su tramitación. No debemos presentar como obligación vigente lo que hoy sigue siendo una propuesta legislativa.
Pero la dirección de la conversación europea resulta relevante.
Cuando una inteligencia artificial conversa de forma continuada con un menor, ya no basta con evaluar la calidad de sus respuestas.
También necesitamos observar la relación que está diseñada para construir.
Y para la educación esa conversación acaba de empezar.
Fuente normativa principal
Comisión Europea. Propuesta de Reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo por el que se establecen las condiciones para unos entornos digitales en internet fiables y responsables para los menores («EU KIDS ACT»).
COM(2026) 681 final · 17 de septiembre de 2026 · Procedimiento 2026/0286(COD) · CELEX 52026PC0681.
Propuesta y documentación oficial de la Comisión Europea.
Nota oficial de la Comisión Europea de 17 de septiembre de 2026.
La propuesta está actualmente en procedimiento legislativo ordinario y no debe presentarse como Reglamento ya aprobado o en vigor.